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Directorio Catequístico General
- 1971 -
INTRODUCCION
Se publica el presente Directorio
Catequístico General según las normas del Decreto "Christus Dominus" N
44.
No poco tiempo ha llevado la preparación
de este documento, por las dificultades inherentes a la obra misma y por
el método que se ha seguido.
Efectivamente, después de constituir una
comisión especial de auténticos expertos en catequesis, de varias
nacionalidades y escogidos tras consultar con algunos Episcopados, se
recabaron los consejos y las opiniones de varios Episcopados. Teniendo
en consideración tales consejos y opiniones, se elaboró un primer
esquema de Directorio, sólo en sus líneas generales, que se presentó,
para ser estudiado, a la Congregación Plenaria extraordinaria de la
Sagrada Congregación del Clero. Luego se elaboró un esquema más amplio,
sobre el cual también se han consultado las Conferencias Episcopales.
Con las opiniones y propuestas obtenidas de los Obispos en esta segunda
consulta, se preparó el esquema definitivo del Directorio, que antes de
ser publicado, fue examinado por una especial Comisión teológica y por
la Sgda. Congregación para la Doctrina de la Fe.
Este Directorio presenta los principios
fundamentales teológico-pastorales del Magisterio de la Iglesia y
especialmente del Concilio Ecuménico Vaticano II, con los cuales se
puede dirigir y ordenar mejor la acción pastoral del ministerio de la
palabra. De aquí se comprende el porqué en este Directorio prevalece el
aspecto teórico, aunque, como se puede ver, no falta el aspecto
práctico. Se ha empleado este criterio especialmente por el siguiente
motivo: se evitarán los defectos y errores que no pocas veces se
detectan en la catequesis moderna, únicamente si se parte de la recta
manera de entender la naturaleza y los fines de la catequesis, como
también las verdades que se enseñan con la misma, teniendo en la debida
cuenta los destinatarios de la catequesis y sus condiciones. La
aplicación concreta de los principios y de las enunciaciones contenidas
en el Directorio, es incumbencia especifica de los Episcopados, que
publicarán Directorios nacionales y regionales, como también catecismos
y otras publicaciones aptas para promover con eficacia la obra del
ministerio de la palabra.
Es claro que no todas las partes del
Directorio tienen la misma importancia. Debe ser aceptado por todos lo
que se dice de la Revelación divina, de la naturaleza de la catequesis,
de los criterios con los cuales exponer el mensaje cristiano y de sus
elementos más importantes. Tienen más bien valor de sugerencia y de
indicación lo que se refiere a la condición presente, a la metodología,
a los textos de catequesis según las edades, pues muchos de esos datos
se toman necesariamente de las ciencias humanas, teóricas o prácticas,
que pueden evolucionar.
El Directorio está destinado a los
Obispos, a las Conferencias Episcopales y en general a cuantos,
colaborando con ellos, tienen una responsabilidad en el campo de la
catequesis. El fin inmediato del Directorio es prestar una ayuda para
preparar los Directorios catequísticos y los catecismos. Por eso mismo,
es decir para ayudar a la preparación de estos instrumentos, se han
propuesto unas líneas fundamentales de las actuales condiciones, para
que en las distintas partes de la Iglesia se susciten investigaciones, —
con estudio atento y diligente— acerca de las condiciones y de las
necesidades pastorales de los lugares; se han indicado además unos
principios generales de metodología y de catequesis según las varias
edades, para poner de manifiesto cuánto es necesario aprender el arte y
la ciencia de la educación; un cuidado especial se puso en redactar la
tercera parte en la cual se exponen los criterios con los cuales se
tendrán que proponer las verdades mediante la catequesis, y a la vez se
da un compendio de los elementos esenciales de la fe cristiana, para que
quede bien clara la meta que la catequesis debe necesariamente tener:
proponer el mensaje cristiano en su integridad.
Como el Directorio está destinado a
Naciones que tienen condiciones y necesidades pastorales muy diferentes,
es claro que sólo se han podido tener en cuenta las condiciones comunes.
Hay que tener presente esta índole peculiar y esta estructura para
juzgar y comprender el Directorio. Lo mismo dígase de la descripción de
la labor pastoral que figura en la sexta parte. Se trata de la promoción
de la acción pastoral, de la que sólo se dan las líneas principales:
insuficientes, tal vez para las regiones muy adelantadas en la
catequesis, y excesivas para aquellas que no lo son tanto.
Mientras se publica este Documento, por el
cual la Iglesia demuestra una vez más su interés por un ministerio
absolutamente necesario para cumplir cabalmente su misión en el mundo,
es de desear que sea bien recibido y con toda diligencia estudiado y
meditado, teniendo presentes las necesidades pastorales de las
comunidades eclesiales. Igualmente se desea que sirva de estímulo para
ulteriores e incansables investigaciones que respondan fielmente a las
necesidades del ministerio de la palabra y a las normas del Magisterio
eclesiástico.
PARTE PRIMERA
LA ACTUALIDAD DEL PROBLEMA
SENTIDO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE.
1. Puesto que la preocupación fundamental
de la Iglesia es la de anunciar y promover la fe en la sociedad de
nuestro tiempo, sometido a profundas transformaciones socio-culturales,
es conveniente —teniendo presente cuanto ha expuesto el Concilio
Vaticano II— describir algunos rasgos específicos de la situación
actual, indicando las repercusiones espirituales y los nuevos
compromisos que esta situación pone ante la Iglesia.
Con esto no se quiere de ninguna manera
agotar un asunto que en las varias partes de la Iglesia presenta
aspectos particulares y muchas veces profundamente diferentes. Será
tarea de los Directorios Nacionales completar estas indicaciones y
adaptarlas a las exigencias de cada nación o región.
LA SITUACION ACTUAL DEL MUNDO
LA EPOCA CONTEMPORÁNEA EN CONTINUA
TRANSFORMACION.
2. "El género humano se halla hoy en un
período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y
acelerados, que progresivamente se extienden al Universo entero... Se
puede ya hablar de una verdadera transformación social y cultural que se
refleja también en la vida religiosa" (GS. 4).
A manera de ejemplo se pueden indicar dos
repercusiones que afectan la vida de la fe e interesan mas de cerca a la
catequesis.
a) En el pasado la tradición cultural era
más favorable que hoy a la transmisión de la fe; hoy esa tradición ha
cambiado no poco, de manera que cada vez se hace menos posible apoyarse
en su continuidad. Por eso para poder transmitir la fe a las nuevas
generaciones, es necesario una evangelización renovada.
b) Conviene tener presente que la fe
cristiana, si quiere arraigarse en las nuevas culturas que se suceden,
necesita desarrollo y nuevas formas de expresión.
Aunque las aspiraciones y los deseos
profundos del hombre y de su condición humana permanecen profundamente
idénticos, sin embargo, los hombres de hoy se hacen nuevas preguntas
acerca del sentido y la importancia de la vida.
El hombre creyente de hoy no es totalmente
igual al hombre creyente de ayer. De aquí nace la necesidad de asegurar
la continuidad de la fe, pero también de proponer de un modo nuevo el
mensaje de la salvación.
Hoy es necesario tener presente la
grandísima difusión de los medios de comunicación social; su eficacia
sobrepasa los confines de las naciones y hace a los individuos como
ciudadanos de todo el consorcio humano (Cfr. IM. 22).
Estos medios actúan con gran fuerza en la
vida de los fieles, tanto por lo que enseñan como por la mentalidad y
modos de comportarse que fomentan en ellos. Todo esto hay que tenerlo en
cuenta con la debida atención.
EL PLURALISMO DE HOY.
3. "Por todo ello, son cada día más
profundos los cambios que experimentan las comunidades locales
tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea,
otros diferentes grupos y las mismas relaciones de la convivencia
social" (GS. 6).
En las antiguas cristiandades la religión
era considerada como el mejor principio de unidad de los pueblos. Hoy
las cosas han cambiado: la cohesión de los pueblos, que trae su origen
en el fenómeno de la democratización, promueve la concordia de las
diversas familias espirituales; el "pluralismo" no es ya considerado
como un mal que hay que combatir, sino como un hecho digno de
consideración; cada uno puede tomar sus decisiones, sin que por eso sea
considerado como extraño a la sociedad.
Por tanto los que se encargan del
Ministerio de la Palabra, no deben nunca olvidar que la fe es la libre
respuesta del hombre a la gracia de Dios que se revela. Y deben
proponer, más que en el pasado, el buen mensaje de Cristo en su
admirable condición de clave misteriosa que explica toda la condición
humana, y de don gratuito de Dios que se recibe de su gracia en la
confesión de la propia insuficiencia (Cfr. GS. 10).
EL DINAMISMO DE NUESTRA EPOCA
4. La construcción de la sociedad humana,
el progreso y la gradual realización de los proyectos humanos, movilizan
las energías de los hombres de nuestro tiempo (GS. 4). La fe no puede
permanecer extraña a estos progresos que por otra parte pueden ir unidos
a graves desviaciones. El mensaje evangélico debe aportar su juicio
sobre este estado de casos y manifestar a los hombres el sentido de
estos acontecimientos.
El ministerio de la palabra, por medio de
una más profunda exploración de la vocación humana y divina del hombre,
debe dejar que el Evangelio derrame sus fermentos de auténtica libertad
y progreso (Cfr. AG. 8,12), haga nacer el deseo de la promoción de la
persona humana y de la lucha contra el modo de hacer y pensar que se
entrega al fatalismo.
Estas indicaciones quieren solamente
mostrar cómo el ministerio de la palabra debe dirigir su acción al mundo
de hoy:
"...se pide a la Iglesia que inyecte en
las venas de la comunidad humana la fuerza perenne, vital y divina del
Evangelio". (Juan XXIII, Constituc. Apost. Humanas Salutis, AAS, 1962,
p. 6).
LA CONDICION DEL SENTIDO RELIGIOSO
5. La civilización científica, técnica,
industrial y urbana no pocas veces aparta el interés del hombre por las
cosas divinas y le hace más difícil la preocupación interior por la vida
religiosa.
Para no pocos, Dios se ha hecho como menos
presente, menos necesario, menos válido para dar una explicación a la
vida personal y social: de este estado de cosas surge fácilmente una
crisis religiosa (Cfr. GS. 5,7).
La fe cristiana experimenta en sus
seguidores esta crisis lo mismo que en las otras confesiones religiosas.
Frente a una cultura desacralizada y secularizada, la fe tiene el deber
urgente de afirmar su naturaleza que trasciende a todo progreso cultural
y manifestar su originalidad.
Toca al ministerio de la palabra descubrir
y desarrollar, liberándolos de los elementos ambiguos, los valores
auténticos que se encuentran en el patrimonio espiritual de aquellas
culturas humanas en las que el sentido religioso se conserva todavía
vivo y operante, influyendo en toda la existencia de la vida humana.
En otro tiempo las opiniones desviadas y
los errores acerca de la fe y la manera cristiana de vivir alcanzaban a
un número pequeño de personas, limitándose, más que hoy, a los ambientes
intelectuales.
Hoy, en cambio, el progreso humano y los
medios de comunicación social hacen que estas opiniones se divulguen con
mayor rapidez y tengan un influjo cada vez más grande en los fieles,
especialmente en los jóvenes que sufren una mayor crisis y son empujados
a adoptar modos de pensar y de actuar contrarios a la religión. Esta
situación requiere adecuados remedios pastorales.
LA SITUACION ACTUAL DE LA IGLESIA
Estas notas que caracterizan la situación
religiosa del mundo, tienen profundas repercusiones en la vida de la
Iglesia.
LA FE "TRADICIONAL"
6. La fe cristiana en muchos fieles corre
graves peligros, especialmente en aquellos lugares donde la religión era
considerada como prerrogativa de algunas clases sociales, o donde esa fe
confiaba demasiado en las antiguas costumbres y en la unanimidad de la
profesión religiosa.
Masas enteras se van haciendo al
indiferentismo o corren al peligro de conservar una fe privada del
necesario dinamismo y de un influjo real en la vida. Más que conservar
las costumbres religiosas, conviene hoy afrontar el problema de una
reevangelización de las masas, de una renovada conversión de las mismas
y de una más profunda y madura educación de la fe.
Esto sin embargo no debe entenderse en el
sentido de que se deba descuidar el sentimiento religioso popular, o que
se deba hacer poco caso de la fe genuina conservada en ambientes
transidos de cultura cristiana. El sentido religioso, no obstante el
progreso de la secularización, sigue vigente en muchas partos de la
Iglesia. No se puede hacer caso omiso de él pues muchas veces se expresa
en el estilo de vida sincero y auténtico de multitud de hombres.
- Más aún el sentido’ religioso popular
brinda una ocasión para el anuncio de la fe. Naturalmente hay que
purificarlo y jerarquizar sus elementos válidos para que nadie se
contente con formas de acción pastoral inadecuadas a nuestros tiempos y
menos adaptadas a la realidad de hoy.
EL INDIFERENTISMO RELIGIOSO Y EL ATEISMO
7. Muchos bautizados se han apartado de la
religión de tal manera que llegan a profesar en cierto indiferentismo y
disfrace que hasta el ateísmo. "Muchos son, sin embargo, los que hoy día
se desentienden del ‘iodo de esta íntima y vital unión con Dios lo
niegan en forma explícita. Es esto ateísmo uno de los fenómenos más
graves de nuestro tiempo. Y debe ser examinado con toda atención" (GS.
19).
El Concilio Vaticano II ha examinado con
detención este fenómeno (GS. 19,20), y ha procurado encontrarlé remedio.
"El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la
doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A
la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a DIOS Padre y a su Hijo
encarnado, con la continua renovación y purificación propias bajo la
dirección del Espíritu Santo. Esto se logra principalmente con el
testimonio de una fe viva y adulta, educada para poder percibir con
lucidez las dificultades y poderlas vencer" (GS. 21).
Se da también el caso de una fe cristiana
mezclada con una especie de neopaganismo aunque quede un cierto sentido
religioso y una cierta creencia en un ser supremo. La mentalidad
religiosa puede andar lejos del influjo de la Palabra de Dios y de la
vida sacramental y de buscar su alimento en prácticas supersticiosas y
mágicas; y la vida moral, por su parte, puede regresar a una ética
precristiana. Es posible a veces que en la religiosidad cristiana se
introduzcan elementos de cultos naturistas y animistas, de prácticas
adivinatorias con peligro de caer en formas sincretistas. Y pueden
también difundirse sectas religiosas que mezclan los misterios
cristianos con antiguas visiones míticas.
En estos casos principalmente se necesita
que el ministerio de la Palabra, sobre todo la evangelización y la
catequesis, sean renovadas según lo indicado en el Decreto Ad Gentes
divinitus nn. 13, 14, 21 y 22.
LA FE Y LAS DIFERENTES CULTURAS
8. Tampoco faltan cristianos,
especialmente entre aquellos que han recibido una formación cultural más
elevada, que experimentan cierto descontento frente al lenguaje de la fe
que ellos juzgan demasiado apegado a fórmulas superadas y a la cultura
occidental.
Ellos van a la búsqueda de un nuevo
lenguaje religioso más de acuerdo con la vida moderna y que permita a la
fe difundir su luz sobre las realidades que angustian al hombre de hoy,
dejando que el Evangelio pueda encarnarse en las diversas culturas.
Sin duda es deber de la Iglesia considerar
con la mayor atención esta aspiración del hombre.
Lo que el Decreto Ad Gentes dice a
propósito de las Iglesias jóvenes, vale también para todos los que
trabajan en el ministerio de la palabra: ". . . de las costumbres y
tradiciones, de la sabiduría - y doctrina, de las artes e instituciones
de sus pueblos, reciben todo lo que puede servir para confesar la gloria
del Creador, para ensalzar la gracia del Salvador y para ordenar
debidamente la vida cristiana". (n. 22; cf.: n. 21; Paulus VI, Alloc. 6
agosto 1969).
Por lo tanto "el ministerio de la palabra
presentado de una manera renovada el mensaje evangélico, debe manifestar
la unidad del plan de Dios. Sin caer en confusiones e identificaciones
simplistas, debe manifestar la unidad profunda que existe entre el plan
salvífico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiraciones del hombre;
entre la historia de la salvación y la historia humana; entre la
Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales; entre la acción
reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones y
carismas sobrenaturales y los valores humanos". (II Conf. Gen. Episc.
Lat. Amer. 1968 VIII, 2,1).
LA RENOVACION
9. En esta situación de tan profundos
cambios cualquiera podría pensar que es inútil el esfuerzo apostólico
que la Iglesia pretende desplegar. En realidad no se puede acusar al
celo de los pastores ni el de los fieles, que en verdad es grande. Los
impedimentos para una acción más eficaz parecen provenir o de la falta
de una preparación adecuada a los nuevos y difíciles compromisos que se
ofrecen al ministerio de la palabra o de una reflexión todavía
imperfecta que se expresa en teorías que lejos de favorecer obstaculizan
la iniciativa evangélica.
Es por esto por lo que el Concilio
Vaticano II ha multiplicado sus llamadas a una profunda renovación del
ministerio de la palabra. Pero esta renovación parece correr peligro
principalmente:
—Por parte de aquellos que no logran ver
la profundidad de la renovación propuesta, como si sólo se tratara de
poner un remedio a la ignorancia religiosa. Según éstos, bastaría
incrementar la instrucción catequística. Es evidente que este remedio no
responde a la verdadera realidad. Lo que hay que renovar es el mismo
lenguaje catequístico, pues se trata de una renovación no sólo en lo que
respecta a la catequesis de los niños sino a la educación permanente de
los adultos en la fe.
—Por parte de aquellos que quieren reducir
El mensaje evangélico a sus consecuencias temporales en la vida de los
hombres.
El Evangelio y su. ley de amor requieren,
sin duda, que los cristianos colaboren con ‘todas sus fuerzas
—comprometiéndose en actividades de orden temporal— a fin de promover
cada día más la justicia y la fraternidad entre los hombres. Esto sin
embargo no es suficiente para dar testimonio de Jesucristo, hijo de Dios
y Salvador nuestro cuyo misterio, muestra inefable del amor de Dios (1
Jn 4,9) debe ser explícita e integralmente anunciado a los evangelizados
y aceptado por ellos.
Las enseñanzas de la Constitución GS y de
la Declaración DH no están por el "minimismo" en cuanto al servicio
directo de la fe por el ministerio de la Palabra. Ambos documentos
muestran su inquietud porque se ponga remedio a las situaciones de estos
tiempos. En todo caso la renovación del ministerio de la Palabra no
puede ir separada de la renovación general de la Pastoral.
Habrá que realizar tareas graves y
decisivas: habrá que promover la evolución de las formas tradicionales
del ministerio de la palabra, y suscitar nuevas; evangelizar y
catequizar a aquellos que solo han alcanzado niveles culturales bajos;
responder a las instancias de la "inteligencia" y salir al encuentro de
sus exigencias; mejorar las formas tradicionales de presencia cristiana
y encontrar otras más válidas; utilizar todos los recursos actuales de
la Iglesia y al mismo tiempo renunciar a aquellas formas que aparezcan
menos conformes al Evangelio.
Para lograr estos propósitos, la Iglesia
confía en todos los miembros del pueblo de Dios Cada uno —obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos— según la propia
responsabilidad, tiene
el deber de desempeñar su misión teniendo
presente la situación del mundo que influye tan profundamente en la vida
de fe.
La renovación catequística, para que pueda
dar una ayuda eficaz a estos obreros del Evangelio, deberá valerse del.
apoyo de las ciencias sagradas, de la teología, de los estudios
bíblicos, de la reflexión pastoral y de las ciencias humanas y de otros
medios —sobre todo de los medios de comunicación social— a través de los
cuales se difunden hoy las opiniones y las ideas.
PARTE II
EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CAPITULO 1
EL MINISTERIO ‘DE LA PALABRA Y LA
REVELACION
LA REVELACION DON DE DIOS
10. En la Constitución DV., el Concilio
Ecuménico considera la revelación como un acto mediante el cual Dios
entra en comunión con nosotros personalmente: "Quiso Dios, en su bondad
y sabiduría revelarse a si mismo y manifestar el misterio de voluntad..,
para invitarlos y recibirlos en su compañía (a todos los hombres)" (DV.
2). Así aparece Dios como quien quiere comunicarse a sí mismo,
realizando un proyecto inspirado en el amor.
Este amor de Dios es el punto de partida
de la catequesis. La fe es la aceptación y la fructificación de este don
divino en nosotros. Esta característica, por la cual la fe debe
considerarse como un don, toca íntimamente todo el contenido del
ministerio de la Palabra.
LA REVELACION: HECHOS Y PALABRAS
11. Dios, para hacer conocer a los hombres
su plan obra por medio de los acontecimientos de la historia de la
salvación y por medio de palabras inspiradas que acompañan y esclarecen
estos acontecimientos: "La revelación se realiza con hechos y palabras
intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la
salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las
palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y
explican su misterio" (DV. 2).
La revelación es, por tanto, un conjunto
de hechos y palabras que se iluminan recíprocamente. El ministerio de la
palabra debe anunciar tales hechos y palabras de tal manera que
esclarezcan y comuniquen los profundos misterios contenidos en ellos.
Así el ministerio de la palabra, además de recordar. las obras
admirables realizadas - por Dios en. el pasado ..y. qué encuentran. én
Cristo .su cumplimiento, interpreta. también ..a la luz de esta
revelación, la vida humana de nuestro tiempo, los signos de los tiempos
y las realidades de este mundo, en cuanto en ellos se actualiza el pian
de Dios para la salvación del hombre.
JESUCRISTO MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA
REVELACION
12. "La verdad profunda de Dios y de la
salvación del hombre que trasmite dicha revelación.., resplandece en
Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación" (DV. 2).
Cristo no es sólo el más grande de los
profetas, el que con su doctrina completó lo que Dios había dicho y
hecho con anterioridad. El es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, el
acontecimiento último al cual tienden todos los anteriores que
constituyen la historia de la salvación; el que cumple y manifiesta las
supremas intenciones de Dios. "El . . .cumple y completa la revelación.
. ." (DV. 4; LG. 9),
El ministerio de la palabra debe poner en
luz este admirable carácter de la economía de la revelación. El Hijo de
Dios se integra en la historia de los hombres, asume la vida y la muerte
del hombre, y cumple en esta historia su plan de alianza definitiva.
Como el Evangelista Lucas, el ministerio
de la Palabra tiene como primera tarea recordar a los creyentes el
acontecimiento — Cristo, manifestar su significado, indagando siempre
más profundamente este hecho único e irreversible: "Dado que muchos han
emprendido la narración bien ordenada de los sucesos que se han
verificado entre nosotros . . . he determinado yo también después de
haberlo investigado todo diligentemente desde los orígenes, escribírtelo
ordenadamente" (Lc. 1, 1-3).
El ministerio de la Palabra, por tanto,
debe apoyarse en el comentario divinamente inspirado que han hecho de la
Encarnación Redentora el mismo Jesús, los primeros discípulos y sobre
todo los apóstoles, testigos de los acontecimientos. "Todos saben que
entre los escritos . . .sobresalen los Evangelios por ser el testimonio
principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro
Salvador" (DV 18)
Recuérdese además que Jesús, Mesías y
Señor, está siempre presente en su Iglesia por medio de su Espíritu (Cfr.
J. 14, 26; 15,26; 16,13; Ap.. 2,7); El ministro de la palabra por tanto
. debe presentarlo no solo como objeto de estudio, sino también como el
que abre los corazones de los oyentes para recibir y comprender el
mensaje que viene de Dios (Cfr. Act. 16,14).
EL MINISTERIO DE LA PALABRA O PREDICACION
DE LA PALABRA DE DIOS: ACTO DE LA TRADICION VIVA
13. "Por eso los Apóstoles, al trasmitir
lo que escribieron, avisan a los fieles que conserven las tradiciones
aprendidas de palabra o por carta. Lo que los apóstoles trasmitieron
comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente
del pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto,
conserva y ‘trasmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (DV.
8),
Esta tradición está vinculada a
formulaciones, pero es más vasta y más profunda que estas formulaciones.
Es una tradición viva, porque en ella Dios continúa su diálogo con
nosotros: "Así Dios que habló en otros tiempos, sigue conversando
siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien
la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo
entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que
habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo" (DV. 8).
De aquí que el ministerio de la Palabra
puede considerar.se como el portavoz de esta tradición viva, en el
ámbito de toda la tradición. "Esta tradición apostólica va creciendo en
la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la
comprensión de las palabras e instituciones trasmitidas cuando los
fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando
comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman
los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad" (DV.
8).
Por una parte es necesario distinguir
claramente la revelación divina que constituye el objeto de la fe
católica y que se cerró con el tiempo de los apóstoles, de la gracia del
Espíritu Santo, sin cuya inspiración e iluminación nadie puede creer.
Por otra parte Dios, que un tiempo había hablado a los hombres
revelándose a sí mismo a través de los acontecimientos salvíf1co y el
mensaje de los profetas, de Cristo y de los Apóstoles, todavía hoy guía
misteriosamente la Iglesia, su esposa, y habla con ella, mediante el
Espíritu Santo, en la sagrada tradición, con la luz y el sentido de la
fe, para que el pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio,
adquiera una comprensión siempre más profunda de la revelación. -
Los pastores de la Iglesia tienen la
obligación, no sólo de proclamar y explicar directamente al Pueblo de
Dios el depósito de la fe que les ha sido confiado, sino también de
discernir con autenticidad las formulaciones y las explicaciones
propuestas por los fieles, de suerte que "en el conservar, practicar y
profesar la fe trasmitida haya concordia entre pastores y fieles". (D/V.
10). .
De aquí se sigue que el ministerio de la
Palabra debe presentar la revelación divina como la enseña el Magisterio
y como la expresa en su conciencia y en su fe el Pueblo de Dios bajo la
vigilancia del Magisterio. De esta. manera el ministerio, de la Palabra
no es la pura y simple repetición de una antigua doctrina, sino una
reproducción fiel de ésta, adaptada a los nuevos problemas y comprendida
cada vez más profundamente.
LA SAGRADA ESCRITURA
14. La revelación divina, por especial
inspiración del Espíritu Santo, ha sido expresada también en forma
escrita, es decir en los Libros Sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento,
que contienen y presentan la verdad revelada por Dios (Cfr. DV. 11).
La Iglesia, custodia e intérprete de la
Sagrada Escritura, es por ella amaestrada, meditando asiduamente y
penetrando cada vez más su doctrina. Fiel a la tradición, el ministerio
de la palabra encuentra en la Sagrada Escritura el alimento y su norma (Cfr.
DV. 21, 24, 25). En efecto, en los libros sagrados el Padre que está en
los cielos viene amorosamente al encuentro de sus hijos y dialoga con
ellos (Cfr. DV. 21).
La Iglesia, sin embargo, aunque toma de la
Sagrada Escritura la norma de su pensamiento, tiene también el poder de
interpretarla en virtud del Espíritu de que ella está animada:
"En ella las Sagradas Escrituras son más
profundamente comprendidas a la vez que más constantemente activas" (DV.
8).
El ministerio de la palabra, por tanto,
tiene su punto de partida en la Sagrada Escritura y en la predicación de
los Apóstoles, de la manera como son entendidas, explicadas y aplicadas
a las situaciones concretas en la Iglesia.
LA . FE: RESPUESTA A LA PALABRA DE DIOS
15. Con la fe el hombre acoge la
revelación y por medio de ella participa del don de Dios de manera
consciente.
A Dios que se revela debemos la obediencia
de la fe por la cual el hombre se adhiere libremente al Evangelio de la
gracia de Dios, (Cfr. Act. 20, 24) con pleno asentimiento de la
inteligencia y de la voluntad. Guiado por la fe y por el don del
Espíritu Santo el hombre llega a contemplar y a gustar el Dios del amor
que en Cristo ha revelado la riqueza de su gloria (Cfr. Col. 1,26); más
aún la fe viva constituye en nosotros un comienzo de la vida eterna, en
la cual finalmente se podrán conocer sin velos las profundidades de Dios
(1 Cor. 2,10). La fe que conoce el plan de salvación de Dios, nos gula
al discernimiento de la voluntad de Dios con respecto a nosotros en este
mundo y a la cooperación con su gracia. "La fe todo lo ilumina con nueva
luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por
ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas" (GS. 11).
TAREA DEL MINISTERIO DE LA PALABRA
16. El ministerio de la Palabra, para
decirlo brevemente, debe estar consciente del cometido que se le ha
confiado, es decir suscitar una fe viva que convierta la mente a Dios,
impulse a asentir a su acción y lleve a un vivo conocimiento de los
contenidos de la tradición y revele y manifieste el verdadero
significado del mundo y de la existencia humana.
El ministerio de la Palabra es la
proclamación del mensaje de salvación: lleva a los hombres al Evangelio.
El misterio anunciado y enseñado toca profundamente aquella voluntad de
vivir, aquel profundo deseo de plenitud, aquella viva espera de ]a
felicidad futura que Dios ha sembrado en el corazón de todo hombre y ha
elevado con su gracia al orden sobrenatural.
Las verdades de la fe llevan consigo el
amor a Dios, que ha creado todas las cosas por Cristo y en Cristo’ nos
ha resucitado. Los diversos aspectos del misterio cristiano deben ser
presentados de ‘tal modo que el acontecimiento central, Jesús —el don
más grande de Dios a los hombres— aparezca en primer plano, y que las
otras verdades de la doctrina católica se ordenen y se jerarquicen
pedagógicamente en torno a El (cf. nn. 43, 39).
CAPITULO II
LA CATEQUESIS EN LA MISION PASTORAL
DE LA IGLESIA
(Significado, fin, eficacia)
EL MINISTERIO DE LA PALABRA EN LA IGLESIA
17. El ministerio de la palabra toma
diversas formas, según las diversas maneras de ejercerlo y los fines que
se persiguen, entre ellas ‘está la catequesis.
Hay en primer lugar una forma que es la
evangelización o predicación misionera que se propone suscitar aquel
primer acto de fe con el cual los hombres se adhieren a la palabra de
Dios.
(Cfr. CD. 11, 13; AG. 6, 13, 14).
Sigue la forma catequística "cuyo fin es
que la fe, ilustrada por la doctrina se torne viva, explícita y activa"
(CD, 14).
Luego viene la forma litúrgica en el
ámbito de la celebración litúrgica, especialmente eucarística (homilía)
(SC. 33, 52; Inter oecum. 54).
Y hay, por último, la forma teológica, es
decir, el estudio sistemático y la investigación científica de las
verdades de la fe.
Para nuestro propósito es importante
distinguir estas formas, cada una de las cuales obedece sus propias
leyes, aún cuando en realidad guardan entre sí una íntima conexión.
Por lo ‘tanto, lo que hasta ahora hemos
dicho del ministerio de la palabra de una manera general se aplica
también a la catequesis.
CATEQUESIS Y EVANGELIZACION
18. La catequesis de suyo supone una
adhesión global al Evangelio de Cristo, propuesto por la Iglesia. Sin
embargo a veces se dirige a hombres que, aunque pertenecen a la Iglesia,
de hecho nunca tuvieron una verdadera adhesión personal al mensaje
revelado.
Esto significa que la evangelización puede
preceder o acompañar a la catequesis propiamente dicha, según las
circunstancias. Pero en todo caso hay que tener en cuenta que la
conversión es un elemento necesario en el dinamismo de la fe, y por lo
tanto la catequesis, cualquiera sea su forma, debe incluir de alguna
manera la evangelización.
FORMAS DE LA CATEQUESIS
19. La catequesis adopta necesariamente
varias formas según las circunstancias y las necesidades del caso.
En los países tradicionalmente cristianos
la catequesis se presenta a manera de enseñanza religiosa que se imparte
a los niños y adolescentes en el ámbito escolar o fuera de él. Hay allí
- ordinariamente organizaciones para
catequizar a los adultos o catecumenados para los que se preparan a
recibir el bautismo, o para los que —aún ya bautizados— carecen de la
debida iniciación cristiana. Lo cierto es que la situación real en que
se encuentra un gran número de fieles, pide alguna forma de
evangelización antes de la catequesis.
En las Iglesias recién establecidas se le
da especial importancia a la evangelización en el sentido estricto, y se
organiza el catecumenado para los que se inician en la fe y se preparan
para recibir el bautismo (AG. 4).
En pocas palabras, la labor catequística
toma formas y estructuras muy diversas: sistemáticas y ocasionales;
organizadas y espontáneas, etc.
20. Recuerden los pastores el deber que
les incumbe de promover y asegurar la ilustración de la vida cristiana
por la palabra de Dios, de acuerdo con la edad y las circunstancias (CD,
14) de tal manera que todos, así el
individuo como la comunidad, puedan ser promovidos teniendo en cuenta el
estado espiritual en que se encuentran.
Recuerden también que la catequesis de
adultos, como dirigida a hombres capaces de una adhesión plenamente
responsable, debe considerarse como la forma de catequesis principal a
la cual deben encaminarse todas las otras formas, siempre necesarias.
Procuren de igual manera, atendiendo a las normas del Conc. Vat. II,
"que se restablezca o se adapte mejor la instrucción de los caitecúmenos
adultos" (CD. 14; AG. 14).
MISION DE LA CATEQUESIS
21. En la actividad pastoral, la
catequesis es una forma de acción eclesial que trata de llevar a la
madurez de la fe tanto a las comunidades como a los individuos.
Por la catequesis las comunidades
cristianas logran un conocimiento más profundo y más vivo de Dios y de
su plan salvífico cuyo centro está en Cristo, Verbo de Dios Encamado, y
se consolidan alcanzando una fe madura e ilustrada, haciendo a la vez
partícipes de esa fe a los hombres que desean abrazarla.
Para cualquier hombre cuya alma se abra al
mensaje evangélico, la catequesis es el medio más apto para captar el
plan de Dios en su propia vida y descubrir el significado último de la
existencia y de la historia, de suerte que tanto la vida de los
individuos como la de la sociedad se ilumine con la luz del Reino de
Dios, se adapte a sus exigencias y pueda conocer el misterio de la
Iglesia como la comunidad de los que creen en el Evangelio. Todos estos
aspectos determinan las tareas específicas de la catequesis.
LA CATEQUESIS Y LA GRACIA DE LA FE
22. La fe es un don de Dios que provoca la
conversión del hombre. "Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la
gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio del
Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos
del Espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad" (DV,
5).
La comunidad cristiana vive una fe madura,
si oye religiosamente la palabra de Dios, tiende mediante el estudio
constante a su conversión y renovación y está a la escucha de lo que el
Espíritu dice a la Iglesia.
La catequesis (por la palabra acompañada
del testimonio y la oración) tiene como misión disponer a los hombres a
recibir la acción del Espíritu Santo y convertirse más profundamente.
CATEQUESIS Y COMPROMISO DE LA FE
23, El hombre maduro en 1-a fe adhiere
plenamente a la invitación que contiene el mensaje evangélico, en virtud
del cual es él llamado a la comunión con Dios y con los hermanos, y
traduce en su vida los deberes que derivan de esta invitación (AG.
12).
La catequesis tiene los siguientes
objetivos: ayudar a los hombres a hacer realidad esta comunión con Dios
y proponer el mensaje cristiano de manera que aparezca como garantía del
valor supremo de la vida humana. Esto supone que la catequesis tendrá
siempre presente las legítimas aspiraciones del hombre así como el
progreso y la realización de los valores que ellas involucran.
La comunión con Dios y la adhesión a El
conllevan como efecto necesario el cumplimiento de los deberes humanos y
la obligación de 1-a solidaridad, por que todo esto responde a la
voluntad salvadora de Dios (GS, 4).
Por lo tanto la catequesis debe favorecer
e ilustrar el incremento de la caridad teologal tanto en cada uno de los
fieles como en las comunidades eclesiales, lo mismo que las obras que de
esa virtud dimanan en los deberes de cada uno y de la comunidad.
CATEQUESIS Y CONOCIMIENTO DE LA FE
24. El hombre maduro en la fe conoce el
misterio de la salvación revelado en Cristo y los milagros y hechos
divinos que prueban que este misterio se realiza en la historia humana.
Por tanto, no basta que la catequesis excite solo una experiencia
religiosa, aunque sea verdadera, sino que debe llevar a percibir poco a
poco toda la verdad del plan divino, enseñando a los fieles a leer las
Sagradas Escrituras y a conocer la tradición.
CATEQUESIS Y VIDA DE ORACION LITURGICA Y
PRIVADA
25. "Toda celebración litúrgica, por obra
de Cristo Sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada
por excelencia cuya eficacia con el mismo título y en el mismo grado, no
la iguala ninguna otra acción de la Iglesia" (SC, 7). Pero la comunidad
cristiana, cuanto más madura en la fe, vive el culto en espíritu y en
verdad principalmente en las celebraciones litúrgicas eucarísticas (Jn,
4,23).
La catequesis por tanto, debe ayudar a una
participación activa, consciente y genuina de la liturgia de la Iglesia,
no solamente explicando la significación de los ritos sino educando a
los fieles en la oración, la acción de gracias, la penitencia, la
petición confiada, el sentido comunitario y el sentido de los simbolos:
cosas todas necesarias para que haya una verdadera vida litúrgica.
"Con todo, la participación en la sagrada
liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano,
llamado a orar en común, debe no obstante, entrar también en su cuarto
para orar al Padre en secreto (Mt. 6,6) más aún, debe orar sin tregua,
según enseña el Apóstol, (1 Tes. 5,17) orad sin interrupción" (SC. 12).
Por tanto la catequesis debe educar a los
cristianos a meditar la palabra de Dios y a rezar en privado.
LA CATEQUESIS Y LA ILUMINACION CRISTIANA
DE LA EXISTENCIA HUMANA
26. El hombre ya maduro en 1-a fe puede
reconocer en las distintas circunstancias y encuentros con el prójimo la
invitación de Dios que lo llama a acogerse a su plan de salvación.
A la catequesis toca, pues, aclarar esta
idea, enseñando a los cristianos la cristiana interpretación de las
cosas humanas, principalmente los signos de los tiempos, de manera que
todos "se capaciten para examinar e interpretar todas las cosas con
integro sentido cristiano" (GS. 62).
LA CATEQUESIS Y LA UNIDAD DE LOS
CRISTIANOS
27. Las comunidades de los fieles, según
las circunstancias, deben participar en el diálogo ecuménico y en los
demás proyectos referentes a la restauración de la unidad cristiana (tJR.
5).
Por eso conviene que la catequesis preste
su ayuda a esta causa, (UR. 6) exponiendo con claridad toda la doctrina
de la Iglesia, (UR. 11) procurando un conocimiento adecuado de las otras
confesiones tanto en los puntos que coinciden con la fe católica como en
los que difieren; pero en este asunto hay que evitar las palabras y los
modos de exponer la doctrina "que puedan inducir a los hermanos
separados o a cualesquiera otras personas a algún error acerca de la
verdadera doctrina de la Iglesia" (LG. 67); guárdese el orden y la
jerarquía de las verdades de la doctrina católica; pero propónganse los
argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con
firmeza. (UR. 11; AG. 15; Ad Ecclesiam totam, 14 mayo 1967, AAS. 1967,
p. 574-592).
LA CATEQUESIS Y LA MISION DE LA IGLESIA EN
EL MUNDO
28. La Iglesia en ‘Cristo es como el
sacramento o el signo y el instrumento de salvación y de unidad de la
humanidad entera (LG. 1). Y en este sentido es ‘tanto más visible cuanto
más maduras en la fe aparecen las comunidades de los fieles,
La catequesis debe ayudar a estas
comunidades a propagar la luz del Evangelio y a entablar diálogo
fructífero con los hombres y las culturas no cristianas dentro de 1-a
libertad religiosa bien entendida (DH; AG. 22).
LA CATEQUESIS Y LA ESPERANZA ESCATOLOGICA
29. El hombre maduro en la fe dirige sus
pensamientos y deseos a la plena consumación del Reino en la vida
eterna.
De aquí que la catequesis deba dirigir la
esperanza de los hombres hacia los bienes futuros que nos reserva la
Jerusalén Celestial, pero invitándolos a la vez a colaborar con el
prójimo en las tareas que tienen- al mejoramiento de la sociedad (GS.
39, 40-43).
LA CATEQUESIS Y EL PROGRÈSO DE LA VIDA DE
FE
30. En los fieles la fe se presenta más o
menos desarrollada según- la gracia que el Espíritu Santo da a cada uno
y que hay que obtener mediante la oración constante, y según la
respuesta que cada quien da a esa gracia (Mr. 9,23).
Además la vida de la fe reviste diversas
formas según evoluciona la existencia del individuo, a medida que
alcanza la madurez y va asumiendo responsabilidades. Por tanto la vida
de fe admite varios grados sea que se considere la aceptación global de
toda la palabra de Dios, sea que se considere su explicación y
aplicación a los diferentes compromisos correspondientes a la edad y a
la índole propia de cada hombre (n. 38).
Lo que significa que esas formas cambiarán
según se trate de párvulos, de niños, de adolescentes, de jóvenes o de
adultos.
La catequesis debe ayudar al nacimiento y
al progreso de esa vida de fe a lo largo de toda la existencia hasta la
plena explicación de la verdad revelada y su aplicación a la vida.
RIQUEZA DE LA ACCION CATEQUISTA
31. La catequesis se dirige a la comunidad
sin olvidar a los fieles en particular. Ella se une a las otras
actividades pastorales de la Iglesia pero conserva su índole específica,
y cumple a un mismo tiempo su deber de iniciación, de educación y
enseñanza.
Mucho interesa que la catequesis conserve
esta riqueza de aspectos sin que uno se desarrolle más con detrimento de
otros.
EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS EN LA
CATEQUESIS
32. Recuerde la catequesis aquella
expresión de la Sagrada Escritura: "Viva y eficaz es la palabra de Dios"
(Heb. 4,12).
Esta palabra divina se hace presente en la
catequesis por medio de la palabra humana. Mas para que sea fructífera y
produzca en el hombre sentimientos capaces de descartar en él la
incertidumbre y la indiferencia, moviéndole -a abrazar la fe, la
catequesis debe expresar fiel y adecuadamente la palabra de Dios. Pero
téngase siempre presente que a la eficacia de 1-a catequesis contribuye
enormemente el testimonio de vida del catequista y el de la comunidad
eclesial (n. 35).
La catequesis, por tanto, debe trasmitir
la palabra de Dios como la Iglesia la propone y en el lenguaje de los
hombres a quienes se dirige (DV. 13; OT. 16). Cuando Dios se reveló a la
humanidad se expresó en palabras humanas y en el lenguaje propio de la
cultura del tiempo. (Cfr. DV. 12).
La Iglesia a la cual Cristo confió el
depósito de su revelación, se esfuerza por trasmitirlo hasta el fin de
los siglos, explicándolo e interpretándolo de una manera viva y adaptada
a los pueblos de cualquier cultura y a los hombres de toda condición.
LA PEDAGOGIA DE DIOS QUE REVELA Y DE LA
IGLESIA QUE CATE QUIZA
33. Dios en la Historia de la Revelación
usó de una pedagogía para anunciar en el A.T. sus designios de salvación
por medio de profecías y figuras que preparan la venida de su . Hijo,
autor y consumador de la Fe en el N. T. (Hebr. 12,2).
Pero ahora, después de la consumación de
la revelación, la Iglesia debe predicar todo el misterio de nuestra
salvación en Cristo. Y, sin olvidar la pedagogía usada por Dios, debe
acomodar la suya a las nuevas exigencias que hoy confronta el mensaje,
para que éste, propuesto sin adulteración ni mutilación, se adapte a la
índole de los catequizados.
Por tanto, mientras por una parte se
adapta a las mentalidades menos cultas y les expone las esas de manera
simple y breve, mediante fórmulas sumarias que puedan explicarse más
tarde, por la otra procura acomodarse a las inteligencias más
desarrolladas que exigen explicaciones más profundas.
FIDELIDAD A DIOS Y AL HOMBRE
34. La catequesis guarda fidelidad a la
palabra de Dios y a su expresión (DV. 24). Sacando la verdad de la
palabra de Dios, con plena adhesión a la expresión segura de esta
palabra, la catequesis intenta enseñar la palabra de Dios con toda
fidelidad.
De todos modos su tarea no se limita a
repetir las fórmulas tradicionales, sino que exige que estas sean
adecuadamente comprendidas y que, según las necesidades se reexpresen
fielmente en un lenguaje adaptado a los oyentes.
El lenguaje, por tanto, será diferente
según las edades, las condiciones sociales, la cultura y la civilización
(DV. 8; CD, 14).
NECESIDAD DEL TESTIMONIO ECLESIAL
35. La Catequesis por último pide, tanto’
a los catequistas como a la comunidad eclesial, el testimonio de la fe
acompañado del ejemplo de una auténtica vida cristiana y de capacidad
para el sacrificio (16. 12,17; NA. 2).
El encuentro del hombre con Cristo se
efectúa no solo por medio del sagrado ministerio, sino por medio de los
fieles y sus comunidades (LG. 35), que están, por tanto, obligadas a dar
testimonio. Si falta este testimonio se pone a los oyentes un obstáculo
para que acepten la palabra de Dios, ya que la catequesis puede hablar
con más eficacia de las cosas que hace visible la comunidad. El
catequista es como- un intérprete de la Iglesia ante los catequizados.
El lee y enseña a leer los signos de la fe de los cuales el principal es
la misma Iglesia (Concil. Vat. 1, Const. Dei Filius, Dz. Sch. 3014).
- De todo esto se desprende cuan necesario
es que la comunidad eclesial según las enseñanzas de la Iglesia y guiada
por sus Pastores evite o corrija todo aquello que pueda deformar la
imagen de la Iglesia, convirtiéndola en obstáculo para que los hombres
abracen la fe (GS. 19).
Los catequistas, por tanto, ‘tienen
obligación de trasmitir la fe, pero la tienen también de dar su aporte a
la comunidad eclesial de modo que ésta dé un genuino testimonio
cristiano.
La acción catequística por tanto se
encuadra en la acción pastoral general que ordena y coordina todos los
elementos de vida eclesial (GS. 4, 7, 43).
PARTE III
EL MENSAJE CRISTIANO
SENTIDO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE
36. La fe cuya maduración busca la
catequesis (n. 21), se puede considerar de dos maneras: como la adhesión
plena del hombre a Dios que se revela, bajo el influjo de la gracia (fides
qua), o como la materia de la revelación y del mensaje cristiano (fides
quae).
Estos dos aspectos no pueden separarse por
razón de su misma naturaleza, y la maduración normal de la fe supone un
progreso coherente de ambos, pero estos dos aspectos se distinguen por
razones metodológicas.
En esta tercera parte se trata de la
materia de la fe: en el primer capítulo se dan las normas o criterios en
que la catequesis deberá inspirarse para la búsqueda y la formulación de
sus contenidos. En el capítulo segundo se tratará del contenido en sí
mismo.
Sin embargo no se van a exponer todas y
cada una de las verdades cristianas que constituyen el objeto de la fe y
la catequesis, ni se van a enumerar los errores más salientes de nuestro
tiempo ni las verdades de la fe que hoy se niegan con más insistencia o
por lo menos se ven con indiferencia.
A estos renglones provee el magisterio
ordinario de la Iglesia por sus medios de comunicación.
Tampoco se quiere mostrar en este capítulo
una manera orgánica de ordenar las verdades de la fe en una como
síntesis que responda, a la vez, a una jerarquía objetiva y a las
aspiraciones existenciales de los hombres de nuestro tiempo. Esta es
tarea de la teología y de otras disciplinas que se ocupan de ex--poner
la doctrina cristiana.
Por el contrario en este segundo capítulo
—en formulaciones globales que suponen una explicación ulterior— se
expondrá lo más saliente del mensaje de salvación, de manera orgánica en
cuanto a los lineamientos específicos que deberán presentarse de manera
más clara en una catequesis nueva que persiga con fidelidad su fin.
CAPITULO 1
NORMAS O CRITERIOS
CONTENIDO DE LA CATEQUESIS EN RELACION A
DISTINTAS FORMAS DE VIDA ECLESIAL, A LAS
DIVERSAS CULTURAS Y DIFERENTES LENGUAJES
37. La Revelación es la manifestación del
misterio de Dios y de su acción salvífica en la historia, hecha por Dios
mismo al hombre por una comunicación personal, cuyo contenido quiere El
que se predique a todos los hombres como mensaje de salvación.
De aquí que la primera y principal
obligación del ministerio profético de la Iglesia es hacer inteligible
este mensaje a los hombres de todos los tiempos, para que se conviertan
a Dios por Cristo, interpreten su vida a la luz de la fe, teniendo en
cuenta la situación histórica concreta de esa vida, y puedan vivir de
acuerdo con la dignidad que les ha traído el mensaje de salvación y que
la fe les ha revelado,
Para lograr todo esto la catequesis,
tiempo importantísimo del ministerio profético de la Iglesia, no solo
debe tomar contacto continuo con las diferentes maneras de vida de la
comunidad eclesial, sino que debe procurar la más estrecha relación
entre las posibles formulaciones del divino mensaje y las diferentes
culturas y maneras de hablar de los pueblos.
META DE LA CATEQUESIS ES PROPONER TODA LA
MATERIA -
38. La materia del mensaje de salvación
consta de partes estrechamente unidas entre sí, aún cuando su revelación
fue hecha progresivamente por Dios, primero por los profetas y
últimamente por medio de su Hijo (H-ebr, 1.1).
Puesto que el fin de la catequesis —como
se ha dicho— consiste en llevar a la madurez de la fe a los cristianos
como individuos y como comunidades, ésta debe tener el cuidado de
proponer integro el tesoro del mensaje cristiano. Y debe hacerse de
acuerdo con el ejemplo de la pedagogía divina (n. 33), sin perder de
vista la totalidad de la revelación para que el pueblo se alimente de
ella y de ella viva,
La catequesis por tanto empieza por la
proposición simple de la estructura íntegra del mensaje cristiano
—valiéndose de fórmulas sumarias y globales— y de manera adecuada a las
distintas condiciones culturales y espirituales de los catequizados.
Pero de ninguna manera debe limitarse a esa presentación inicial sino
que debe proponer el mensaje de una manera cada vez más amplia y
explícita, de modo que los fieles individualmente y la comunidad,
adquieran de él un conocimiento más profundo y enfoquen los problemas
humanos bajo la luz de la revelación.
Esta tarea de la catequesis —que no es tan
fácil— debe cumplirse bajo la dirección del magisterio de la Iglesia a
quien toca custodiar la verdad de la revelación y vigilar que el
ministerio de la palabra use expresiones correctas y tome en cuenta con
prudencia las investigaciones de la teología y de la ciencia.
LA MATERIA DE LA CATEQUESIS CONSTITUYE UN
CUERPO ORGANICO Y VITAL
39. - El objeto de la fe es - por su
naturaleza complejo, es decir: Dios en su misterio y su intervención
salvífica en la historia, y esto lo sabemos por lo que el mismo Dios ha
revelado de sí y de sus obras. -
Cristo es el centro principal tanto en lo
relativo a la intervención de Dios en la historia como en la
manifestación de sí mismo a los hombres.
Por lo dicho, el objeto de la catequesis
son el misterio de Dios y sus obras, es decir las obras que Dios hizo,
hace y hará por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Todas
estas cosas guardan entre sí una vital coherencia y constituyen la
economía de la salvación.
Una catequesis que descuide esta
organicidad y armonía del contenido se haría incapaz de lograr la
finalidad que persigue.
CRISTOCENTRISMO DE LA CATEQUESIS
40. Cristo Jesús, el Verbo de Dios
encarnado, siendo la suprema manera como Dios interviene en el mundo y
se manifiesta a los hombres, es el centro del mensaje evangélico en la
Historia de la salvación.
El es "la imagen de Dios invisible,
primogénito de la creación" (Col. 1,15). El es en verdad el único
mediador por el cual Dios se acerca a los hombres y el hombre es llevado
a Dios. (Cfr
1. Tim. 2,5). En El tiene la Iglesia su
fundamento. En El se instauran todas las cosas (Ef. 1,10).
- Por eso las cosas creadas, la conciencia
de los hombres, los valores genuinos que se encuentran en otras
religiones, los signos de los ‚tiempos deben tenerse como caminos y
escalones aunque no de manera unívoca, por los cuales uno puede acercar
se a Dios bajo el influjo de 1-a gracia y no sin cierta referencia a la
Iglesia (Cfr. LG. 16).
Por todo esto la catequesis debe ser
necesariamente Cristocéntrica. -
EL TEOCENTRISMO TRINITARIO DE LA
CATEQUESIS
41. Así como Cristo es el centro de la
historia de la salvación, así el misterio de Dios es el centro del cual
parte esta historia y hacia el cual se ordena como último fin. Cristo
muerto y resucitado lleva a los hombres al Padre enviando al Espíritu
Santo al Pueblo de Dios. Por esta razón la estructura de toda la
catequesis debe ser teocéntrica — trinitaria: por Cristo al Padre en el
Espíritu.
Por Cristo: Toda la economía de la
salvación toma sentido del Verbo Encarnado, cuya venida preparó, cuyo
reino en la tierra después de su muerte y resurrección manifiesta y
extiende hasta su segunda venida gloriosa, que consumará la obra de
Dios. De aquí que el misterio de Cristo ilumine toda la materia de la
catequesis. Todos los elementos —bíblicos, evangélicos, eclesiales,
humanos y aún cósmicos— que la enseñanza catequística debe disponer y
explicar, hay que referirlos al Hijo de Dios Encarnado.
Al Padre: El fin supremo de la Encarnación
del Verbo y de toda la economía ‘de la salvación consiste en llevar a
todos los hombres al Padre. Por tanto la catequesis, que debe ayudar a
entender .cada vez mejor este designio amoroso del Padre Celestial,
tiene la misión de enseñar que el último sentido de la vida es este:
conocer y glorificar a Dios haciendo su voluntad, como Cristo nos enseñó
con su palabra y su ejemplo, y así llegar a la vida eterna.
En el Espíritu Santo: El conocimiento del
misterio de Cristo y nuestra ida hacia el Padre se hacen realidad en el
Espíritu Santo. La catequesis, por tanto, al trasmitir el mensaje
cristiano, debe explicar esta presencia del Espíritu Santo por la cual
somos promovidos a la comunión con Dios y con los hombres y al
cumplimiento de nuestras responsabilidades.
Si la catequesis carece de estos tres
elementos o no le da importancia a su estrecha relación, se corre el
riesgo de que el mensaje cristiano pierda su propia índole.
POR NOSOTROS LOS HOMBRES Y POR NUESTRA
SALVACION
42. El fin teocéntrico-trinitario de la
economía de la salvación no se puede separar de su objeto que consiste
en que los hombres liberados del pecado y sus consecuencias se
configuren en lo posible a Cristo (Cfr. LG. 39). Como la Encarnación del
Verbo, así, toda la verdad revelada es por nosotros los hombres y por
nuestra salvación. La relación prospectiva de todas las verdades
cristianas con el último fin del hombre es una de las condiciones para
su provechosa inteligencia (Con. Vat. 1. Const. Dei Filius, Dz. Sch.,
3016).
La catequesis, por tanto, debe mostrar con
claridad la estrechísima relación del misterio de Dios y de Cristo con
la existencia y el último fin del hombre. Con esta manera de proceder de
ningún modo se quiere subestimar los fines terrenales a cuya
consecución, por el esfuerzo individual y colectivo, llama Dios a los
hombres; sino que se está diciendo claramente que el fin último del
hombre no se restringe a estos fines temporales, sino que más bien los
supera con una ventaja no sospechada, y de una manera que sólo el amor
de Dios para los hombres pudo pensar.
JERARQUIA DE VERDADES QUE HAY QUE GUARDAR
EN LA CATEQUESIS
43. En el mensaje de salvación hay una
cierta jerarquía de verdades (tJR. 11), que siempre reconoció la
Iglesia, al- elaborar los símbolos o compendios de las verdades de la
fe. Esta
jerarquía no significa que unas verctactes
pertenecen menos que otras a la fe, sino que unas verdades se apoyan en
otras como más principales y reciben de ellas luz.
La catequesis en todos sus grados habrá de
tener - en cuenta esta jerarquía de las verdades de la fe.
Estas verdades se pueden agrupar en cuatro
capítulos fundamentales:
El misterio de Dios, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, creador de todas las cosas;
El misterio de Cristo, Verbo Encarnado,
que nació de María la Virgen y por nuestra salvación padeció, murió y
resucitó;
El misterio del Espíritu Santo, presente
en la Iglesia a la cual santifica y dirige hasta la gloriosa venida de
Cristo, Salvador y juez nuestro;
El misterio de la Iglesia, que es el
cuerpo místico de Cristo, en la cual la Virgen María ocupa un puesto
eminente.
INDOLE HISTORICA DEL MISTERIO DE LA
SALVACION
44. La economía de la salvación se realiza
en el tiempo:
pues empezó y progresó en el pasado, actúa
su fuerza en el presente y espera su consumación en el futuro. Por eso
es necesario que en la catequesis aparezca la memoria del pasado, la
conciencia del presente y la esperanza de la vida futura.
Por eso la catequesis recuerda el
acontecimiento supremo de toda la historia de la salvación con el cual
los cristianos se unen por la fe: la Encarnación, la Pasión, la Muerte y
Resurrección de Cristo.
Además la catequesis hace conocer a los
cristianos cómo el misterio salvífico de Cristo actúa hoy por el
Espíritu Santo y el magisterio de la Iglesia, así como sus obligaciones
para con Dios, para consigo mismos y para con el prójimo.
La catequesis por último dispone el
corazón a la esperanza de la vida futura —consumación de toda la
historia de la salvación— y hacia la cual los cristianos deben tender
con confianza filial, pero no sin un santo temor del juicio divino.
Por esta esperanza la comunidad de los
fieles se llena de una íntima expectación escatológica que la capacita
para juzgar rectamente los bienes terrenales estimándolos en su justa
proporción sin que por ello los menosprecie.
Estos tres aspectos principales hay que
tomarlos en cuenta asidua y eficientemente en toda catequesis.
FUENTES DE LA CATEQUESIS
45. El contenido de la catequesis se
encuentra en la Palabra de Dios escrita o en la tradición; el pueblo
creyente lo entiende y lo explica más profundamente bajo la dirección
del Magisterio que es el único que enseña auténticamente; lo celebramos
era la liturgia; resplandece en la Iglesia, principalmente en
los justos y en los santos; y de alguna manera se hace patente en los
mismos valores morales que, por providencia de Dios, existen en la
sociedad humana.
Estas son las fuentes de la catequesis:
unas principales, otras subsidiarias. Por tanto no deben tomarse en
sentido unívoco.
Así que al usar estas fuentes, el
catequista mirará siempre y sobretodo a la revelación escrita y a la
tradición y a la autoridad del magisterio eclesiástico en las cosas
relacionadas con la fe.
Además e~ catequista, al exponer cualquier
punto del contenido de la fe, debe destacar cómo el misterio de Cristo
es su centro; cómo la Iglesia lo interpreta, lo define, lo celebra, lo
actualiza y participa en la liturgia y lo reduce a la práctica en la
vida.
Por último el catequista debe pensar cómo
podrán con la ayuda del Espíritu Santo, realizarse los planes de Dios en
nuestra época.
PRINCIPIO GENERAL DE LA METODOLOGIA
CATEQUISTICA
46. Las normas arriba indicadas que se
refieren a la exposición de la materia de la catequesis, deben aplicarse
en las varias formas de la catequesis: es decir en la catequesis
bíblica, litúrgica, en el compendio doctrinal, en la interpretación de
las condiciones concretas de la existencia humana, etc.
De ellas, sin embargo, no puede deducirse
el orden que ha de guardarse en la exposición de la materia. Se puede
partir de Dios para llegar a Cristo y al contrario; se puede partir del
hombre para llegar a Dios y al contrario, etc. etc. El método pedagógico
se escogerá de acuerdo con las circunstancias porque atraviesa la
comunidad eclesial o los fieles a quienes se dirige. De aquí la
necesidad de investigar cuidadosamente para encontrar los caminos y las
maneras que mejor respondan a las condiciones de la realidad.
Toca a las Conferencias Episcopales dar la
normas más precisas y aplicarlas mediante los directorios catequísticos,
catecismos según la edad, la cultura y los otros recursos que parezcan
oportunos. (Cfr. parte VI).
CAPITULO II
LOS PRINCIPALES ELEMENTOS DEL MENSAJE
CRISTIANO
EL MISTERIO DE UN SOLO DIOS:
PADRE, HIJO, ESPIRITU SANTO
47. La historia de la salvación es lo
mismo que la historia de los medios y modos cómo Dios uno y verdadero:
Padre, Hijo, Espíritu Santo, se revela a los hombres, a quienes,
apartados del pecado, reconcilia y une consigo.
El A.T. mientras afirma de una manera
clara la unidad de Dios en un mundo politeísta, adelanta algunos
indicios del misterio Trinirtario que tendrán plena explicación en la
persona, en las obras y palabras de Jesucristo, quien al revelase como
Hijo de Dios, revela al mismo tiempo al Padre y al Espíritu Santo.
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